Historia de una línea de picantes ideada en Margarita

25 / 06 / 2018

Rosanna Di Turi @Rosannadituri

Fotografía Javier Volcán @jdvolcan

En 2010, a los 60 años de edad y con una carrera hecha en hotelería, José Francisco Huizi comenzó una nueva historia a partir de una planta de ají chirel que tenía en el patio de su casa, en la isla de Margarita. “Yo elaboraba picantes, y un amigo me preguntó por qué no los hacía para vender”. Huizi tomó la sugerencia en serio. Comenzó a preguntarse cómo lograr un picante que no abrasara el paladar, sino que otorgara gusto a los platos. “Quería uno con cuerpo, que no picara tanto, que diera sabor y un toque picante a las comidas”.

Así, este margariteño por adopción empezó a experimentar con ajíes y recetas hasta dar con la que buscaba. “Comencé con chirel, luego probé con jalapeño y también con rocoto”. Al final se quedó con el tercero. En la cocina de su casa y con botellas recicladas creo la receta de Salsa Margarito, que se estrenó en un bodegón. Allí se inició el nuevo itinerario de Huizi, que tiempo después se sumó al diplomado para emprendedores de la Universidad Corporativa de Sigo. La receta gustó y simultáneamente ideó etiquetas.

Pronto estuvo también en los anaqueles de cadenas de la isla, como Sigo y Rattan. Preparaba al mes 1.200 botellas de salsa y se encargaba de todo el proceso, incluyendo el etiquetado, la distribución y la visita a los puntos de venta para escuchar a los clientes. “Betty, mi esposa, decía que me veía cansado, pero me daba satisfacción hacerlo y siempre le respondía: Voy a seguir”.

Hace dos años se propuso dar un salto más grande y lograr que las recetas se elaboraran de forma semi industrial. Su yerno se sumó al emprendimiento y se produjo un cambio de imagen de la mano de Astrid Colet, comunicadora y también de la familia. En enero de este año empezó a elaborar las salsas fieles a su receta en una planta de Cagua. Y pronto comienzan a estrenarse en cadenas de supermercados, que se suman a los puntos que tienen en la isla y en tierra firme. También acaban de estrenar un picante más suave, con la base del rocoto y el agregado de auyama.

El camino, sin duda, no ha sido fácil. Pero Huizi dista mucho de quejarse. “La vida me cambió por completo y para bien. Margarito es una bendición”. A eso le suma su convicción: “Hay que seguir. Este es un trabajo de hormiguita y a la gente le gusta el picante. Es algo bien hecho en Venezuela. Para ser emprendedor lo importante es nunca decaer, siempre seguir hacia adelante. Si consigues una pared, darle la vuelta y seguir”.

En Instagram @salsas_margarito

 

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