Las dos décadas de La Casa de Esther en Margarita

16 / 04 / 2018

Rosanna Di Turi @Rosannadituri

El día que Esther González cumplió un año, la tarjeta de su fiesta se convirtió en un buen pronóstico para su destino. “Decía ‘Queremos mejores cocineros’ y tenía una muñequita cocinando”, cuenta ella, con el entusiasmo que es su sello.  Aquel presagio se cumpliría con celeridad y esta margariteña de pura cepa entraría a los fogones desde temprano y cada vez que podía, para enterarse de los secretos de sazón de sus dos abuelas.

“Mi primer postre lo hice a los cuatro años. Mi abuela Ana me dio auyama, papelón, cáscara de naranja y canela. De allí viene el arroz con coco con helado de auyama. Ser cocinera es algo que llevo en la sangre y hasta la médula”.

Esther fue recopilando recetarios que siguen nutriendo su biblioteca, enamorándose de los platos y cocinando su propia historia de sabores. Desde temprano aprendió a aprovechar los ingredientes cercanos. “En la isla siempre hubo precariedad. Pero mi abuela jugaba con los ingredientes. Si no había auyama, usaba plátano. A la batata le ponía guayaba”.

Hace 20 años, unos amigos le permitieron alquilar una casona centenaria en Pedro González, ahora considerada patrimonio cultural, que ella transformó en La Casa de Esther. Allí, los ingredientes y sabores de la isla pasan por el tamiz de su oficio y creatividad para convertirse en platos que tienen su sello: los ajíes margariteños que rellena con morcilla o chicharrón, el Vuelve a la vida con madre perla, el cazón en crema de jojoto o el asado negro con ron y café. “Yo me inspiro en mis recetas margariteñas y les doy un twist para hacerlas más modernas”.

En esa casa amable, convertida en un destino en sí misma, ella, su hija Aisha Lamble y tres personas más reciben a las consecuentes visitas. Esther, luego de adelantar parte de los platos, procura estar atenta a las mesas y su pasión es parte esencial de la experiencia porque siempre da gusto escucharla.  “Yo creo mucho en nuestra gastronomía, en nuestros ingredientes, en lo que tenemos. Las mejores caraotas son las nuestras. La cocina venezolana es lenta y amerita paciencia”.

En su establecimiento conjura la escasez de insumos con oficio y algo de magia. “Aquí hacemos milagros. Mi hija Aisha y yo somos unas brujas. Y eso sale. Hay que seguir para adelante”, afirma, determinada y tenaz, quien mereció el Premio Armando Scannone 2017 que otorga la Academia Venezolana de Gastronomía

*La Casa de Esther está frente a la plaza Bolívar. Atiende previa reserva. En Instagram:  @lacasadeesther. (0416) 196 6052

 

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