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Las tres décadas de los vinos hechos en Venezuela

20 / 02 / 2017

Guillermo Vargas, enólogo asesor de Bodegas Pomar, recorre el verdor de los viñedos de Altagracia en Lara y recuerda con claridad cómo, hace 30 años, esas tierras eran similares a las vecinas: el árido dominio de cujíes, cardones y tunas.

Ahora, en 110 hectáreas, prosperan nueve de las 12 cepas que se adaptaron con más soltura a la novedad del trópico. En ese momento, Vargas y el equipo de Bodegas experimentaron con 36 variedades. Entonces era una apuesta arriesgada. “No había viñedos comerciales en el trópico. Existían unos experimentales en la India. Pocos creían en esto”.

Tres décadas después confirman que ese sueño, aunque parecía improbable, es una gustosa realidad. La apuesta inicial fue de Empresas Polar y Casa Martell de Francia. Pero esta última luego se retiró. Vargas puso en práctica allí sus tesis de enología en Madrid, donde precisamente estudiaba la posibilidad de sembrar esas tierras de Altagracia con vides para el vino.

Allí prosperan las cepas para sus cinco espumosos hechos con el método champenoise ideado en la gélida Champagne, pero en este caso replicado en las bodegas que aguardan en las cálidas inmediaciones de Carora. También sus vinos Terracota, varietales crianza y reserva. Incluso el vino para consagrar Eclesia, un blanco moscatel elaborado bajo las indicaciones de la iglesia.

Esas uvas, más las que crecen con productores independientes apoyados por ellos en Zulia y Lara, sirven para además para elaborar la sangría caroreña que se reproduce para calmar la sed que despertó desde su creación en el 2002. El periodista Miro Popic da las cifras de ese crecimiento. ¨En el plano nacional, es la bebida con mayor crecimiento dentro de las que tienen uvas en su preparación. En el año 2005 el mercado era de 1.568.250 cajas de 9 litros. La marca líder es La Caroreña de Bodegas Pomar, que pasó de 420.000 cajas en el 2005 a 1.616.000 en el 2015¨.

Desde hace siete años Guillermo Vargas es el enólogo asesor de los vinos que ahora están a cargo del joven de 32 años Pedro Carrasco quien, a finales de 2012, se fue a estudiar enología en Chile tras trabajar desde el 2006 en Bodegas Pomar. Mientras muestra el lugar donde elaboran blancos y tintos, cuenta que ahora los vinos son el resultado del primer prensado de las uvas. “La tendencia es que conserven su frescura y frutosidad. Y en los tintos, maceramos antes de fermentar, para lograr más color aunque no tanta tanicidad”.

Desde que Vargas se “jubiló” hace siete años, descorchó una activa e incansable agenda con Club Pomar. En esa propuesta, liderada por María Isabel Willson y ya con cuatro sedes en todo el país, el enólogo oficia cursos y lidera las visitas a los viñedos. Las mismas que comenzaron temprano en la bodega, en 1992, para dar a conocer ese prodigio en el que pocos creían. Y si bien las rutas más conocidas son las de la vendimia, que en este lado del mundo son dos veces al año, el resto de los meses tienen una vital agenda de recorridos para distintos gustos.

Allí, recuerda Rosángela Hernández, amable organizadora de estos recorridos, reciben más de 1200 personas al año. “La ruta de la uva, por ejemplo, no solo muestra la bodega, donde compartimos una cena con un chef venezolano. Al día siguiente recorremos Carora, mostramos lo que hacen sus emprendedoras, su arquitectura y el trabajo de la orquesta juvenil. Es conmovedor”. Se suma el recorrido en bicicleta de 15 kilómetros en viñedos, con visita a la bodega. Todos aportan el buen sabor de un logro tenaz que se agradece.

*En Instagram están como @clubpomar

Fotografía cortesía Bodegas Pomar

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