IR AL TEATRO CON ALICIA EN EL AUTOBÚS

13 / 11 / 2017

Hay maneras de ir al teatro; puedes ir en carro o si vives cerca del mismo, caminando. Lo que nunca te imaginarías es ir al teatro en un autobús escolar. ¡Menos, si el teatro queda adentro del autobús! Esa es la manera no convencional en la que se presenta la obra “Alicia en el Autobús” dirigida por el Centro de Directores para el Nuevo Teatro. Y no podría ser de otra manera. Una versión moderna de “Alicia en el País de las Maravillas” contada a la caraqueña merece ser presentada de la manera más absurda posible.

El plan es genial. A las 7:00 p.m. en punto en plena parada de TransChacao en la Plaza Altamira se detiene un autobús amarillo. Ahí, entre bailarines de hip hop y un Gato de Cheshire en versión drag, los asistentes a la obra conocen a una Alicia chillona que viene de un poblado remoto en búsqueda de un Conejo malandro que la tiene vuelta loca. Ella se monta en el autobús en su búsqueda y los asistentes tienen dos opciones: devolverse a su casa o acompañarla en el paseo más loco que van a tomar por Caracas.

Si se deciden por la segunda opción, los asistentes toman sus asientos (numerados por el teatro) y el autobús comienza a rodar por las calles de Chacao. Dentro, conocen al Conejo, una especie de pran moderno, una oruga acróbata fumona, gemelos que rapean por justicia, flores envidiosas y una Reina de Corazones con acento cubano que recuerda a ciertos personajes del mundo contemporáneo.

El autobús se detiene solo una vez para entrar en la madriguera del Conejo, el cual no puede ser otro lugar que un club de estríperes acondicionado especialmente para la presentación de la obra. Ahí, el espectador conocerá a Cachucha, un sombrero policía que es más corrupto que sombrerero y a una Reina de Corazones con acento tropí-caribeño que recuerda a ciertos personajes de nuestro mundo contemporáneo.

Enmascarada como una obra hilarante, “Alicia en el Autobús” es en realidad una profunda crítica social sobre nuestros días. Como decía ella en el libro de Lewis Carroll, el espectador no tiene más remedio que admitir que las cosas se ponen “curiosas y más curiosas” hasta el final, cuando el autobús regresa a la Plaza Altamira de donde descienden y regresan de vuelta al mundo real. ¿Qué acabamos de ver? Es la gran pregunta que se hacen todos. En mi opinión, una experiencia surreal que vale totalmente la pena.

Advertencia: No es para niños. Mucho menos para adultos a los que les cuestan las experiencias no convencionales.

Funciones los viernes y sábados de noviembre a las 7:00 p.m. en Plaza Altamira. Las entradas están a la venta en Ticketmundo.

Al final el autobús te deja en la misma parada donde lo tomaste y sigue su curso dejándote con dos pensamientos:

1) ¿qué es esta crítica social enmascarada como obra hilarante que acabo de ver?; y 2) ¿cómo le cuento a mi mamá que yo me pasé dos horas montado en una buseta de noche por placer?

No es para chamos así que dejenlos así sea con el vigilante de su edificio y vayan a ver esta obra nada convencional en un teatro que, como el libro, no es lo que parece. Entradas en Ticketmundo. @cdnteatro.

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